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Ya no necesito que las cobijas me protejan

Yuliana Franco Agudelo

No me gusta ir a la escuela, pero mis padres dicen que es importante que vaya todos los días.

Un día desperté enfermo, mi madre lo notó un poco después de haberme levantado y me mandó de inmediato a mi cama otra vez; ese día me di cuenta de que ella no me obligaría a ir a la escuela si estaba enfermo, y por eso comencé a fingir que lo estaba, al principio funcionó muy bien, pero luego comenzó a descubrir que no era verdad, así que me mandaba a la escuela y me castigaban por un par de días.

No estaba dispuesto a rendirme tan fácil, y por eso comencé a esforzarme más en parecer enfermo, en uno de mis tantos intentos, me quedé despierto hasta tarde tratando de idear mi plan para la mañana siguiente; no recuerdo la hora, pero sí sé que ya estaba bastante tarde cuando en medio de mi oscura habitación, escuché un extraño ruido salir de debajo de mi cama.

Creí que era un ratón, no me gustan los ratones, pero el volvieron a escucharse y eran demasiado fuertes como para que un pequeño animalito los hiciera, ya me estaba dando miedo, pero si no averiguaba a qué se debían los sonidos, probablemente no sería capaz de dormir.

Me armé con todo el valor que pude y asomé mi cabeza debajo de mi cama, pero no alcancé a ver nada, tal vez debería prender la luz, pero el miedo de que algo salga corriendo hacia mí de debajo de mi cama me asusta, prefiero esconderme debajo de mis cobijas, y si vuelvo a escuchar algo tendré que gritar, seguro papá vendrá y me protegerá, tal vez tan bien como lo hacen mis cobijas.

Tenía razón, ya estaba muy tarde, casi no alcancé a dormir nada y tengo mucho sueño, lo bueno es que me quedé dormido en la escuela y llamaron a mamá para traerme de vuelta a casa, lo malo es que otra vez estoy castigado, pero no importa, podré volver a dormir.

Por haber dormido hasta tarde en el día, ahora no tengo sueño y no puedo dormir, aun así, estoy tapado desde la punta de los pies hasta la cabeza con mi cobija, los ruidos están allí otra vez y tengo miedo de lo que pueda ser.

Por segunda vez mamá tuvo que ir a la escuela por mí, hoy no me dejó dormir cuando llegamos a casa, a cambio, me dijo que debía organizar mi cuarto o mi castigo sería peor.

Sé que tengo muchos juguetes y ropa allí, pero no quiero limpiar debajo de mi cama.

Después de limpiar todo menos mi bajo la cama, fui a comer algo y allí estaba mi madre, que ya me tenía algo preparado; cuando terminé iba a ir a la sala a jugar videojuegos, pero mi madre me detuvo diciendo que encontraba alguna cosa tirada en mi cuarto, por más pequeña que fuera, me quedaría sin postes por todo un mes.

De inmediato salí corriendo a limpiar bajo mi cama, tenía más miedo de quedarme sin postres que de lo que hubiera allí; prácticamente me tiré para comenzar a limpiar todo lo que había, pero cuando abrí los ojos, lo único que pude hacer fue gritar.

Todavía estaba gritando cuando sentía que algo tiraba de mis piernas, grité todavía más fuerte.

—Hijo ¿estás bien? ¿qué te sucede? ¿por qué gritas?

—Mamá, ayúdame mamá —dije mientras lloraba—, hay un monstruo bajo mi cama.

—Cálmate cariño —dijo mientras me abrazaba—, no hay un monstruo bajo tu cama, es sólo que tienes tanta basura que de seguro eso fue lo que te asustó.

—Pero mamá…

—Ya cariño, puedes bajar a jugar, yo terminaré de limpiar, pero que no se repita, ya te he dicho que limpies más seguido y que no debes dejar acumular la basura, por eso te andas asustando.

Con lágrimas todavía en mis ojos salí mientras mi madre se quedaba limpiando debajo de mi cama. Pero de verdad había un monstruo allí, ¿ella estará bien? El monstruo no le hará nada malo a mi madre ¿verdad?

Me iba a devolver, no podía permitir que el monstruo le hiciera algo malo a mi madre, pero justo en ese momento ella pasó a mi lado acariciando mi cabeza.

—Vamos, ve a jugar un rato, ¿por qué no sales a jugar con tus amigos?

Le hice caso y salí a jugar, pero regresé temprano, tenía que prepararme para esta noche, mamá no me cree y si le digo a papá, él estará de lado de mamá, como siempre.

Lo primero que debía hacer era buscar una linterna, seguramente el monstruo podía ver en la oscuridad y yo estaría en desventaja, lo siguiente sería mi bate de béisbol, debajo de mi cama no podré moverme bien, pero eso es mejor a esta desarmado.

Seguía teniendo miedo y preferiría quedarme bajo mis cobijas, pero si el monstruo decidía salir de allí, no sé si sean lo suficientemente resistentes como para protegerme de algo tan peligroso.

Cuando estaban despidiéndose de mí para ir a dormir vi que mi madre dejó en mi mesita de noche una pequeña lámpara, que de verdad agradecí, sería mi respaldo si algo le pasa a mi linterna.

Me preparé todo lo que pude y me metía debajo de mi cama, no había nada, así que decidí esperar, tarde o temprano aparecería. Estaba por quedarme dormido cuando escuché un grito.

—¡Ahh un monstruo!

—Yo no soy un monstruo, tú eres el monstruo. Espera ¿acabas de hablar?

—Sí, igual que tú.

—¿Cómo? ¿Qué eres?

—Un humano, ¿tú qué eres?

—Un cilvek, ¿un gusto?

—Un gusto cilvek

—Mi nombre es Masi.

—Y el mío Tom.

—Un gusto Tom, pero qué haces debajo de mi cama.

—Claro que no, tú estás debajo de mi cama.

—Espera, ¿entonces ambos estamos debajo de la cama del otro?

—Pues eso parece, pero, ¿cómo?

—No lo sé, bueno, no importa, ¿qué te parece si somos amigos?

—Está bien, entonces dime ¿qué clase de criaturas son los humanos?

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