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Bichos como esos

Ailen Sacco

Ayer me puse a discutir con Diego y, como todos, salió con lo mismo de siempre: «¡Jamás han existido los bichos como esos!».

A ver, a ver. Yo sé que la gente cree que lo sabe todo, pero yo puedo decirles algo que no saben: La verdad es que nadie sabe nada y todos hablan por hablar.

Tampoco se puede decir algo sin que te contradigan porque no pueden creer que esta clase de cosas sucedan. Mamá dice que la fortuna está de nuestro lado. Pero bueno, eso no vale de nada si la gente no lo entiende. Diego no me dejó explicarle nada porque, para él, no existían y punto. No, no, no y no decía y yo callé porque ¡ahg! Es un tarado... Acá puedo decirlo porque nadie me escucha… Tarado, taradito… Bueno, sigo.

¡La señorita tuvo que separarnos! Me hizo sentarme con Claudia y, mal que mal, por lo menos ella algo comprende… cuando no está comiéndose los mocos. Me enojé un poquito, pero después pensé y me dije «Mejor. Como dice papá: No hay que gastarse en compartir con gente tan cerrada».

No octante… octante —o como se diga— en el viaje a casa, me puse a pensar hasta que llegué a una conclusión. Era verdad: Bichos como esos no han existido jamás, pero hay una buena razón. La gente entiende por "bichos como esos" otra cosa, nada que ver a los bichos como esos. En lo personal, así como para mí, creo que solo mamá y yo los conocemos bien.

Una vez me encontré un libro en la casa de la tía Beatriz y vi que a los bichos como esos se los mostraba como criaturas malas Estaban dibujados bien feos. Había un dibijo de uno rojo que salía de las llamas como del infierno mientras escupía fuego. Después había otro negro encerrado en una cueva oscura durmiendo sobre un montón de oro. Y muchos más, en distintos lugares, como castillos rotos o peleando con caballeros, pero la verdad es que nunca fueron así. Mi mamá los entiende desde siempre y yo, desde lo que vi, hasta me arriesgo a decir que algunos prefieren los pajonales y los árboles altos.

Lejos de cómo se los describe en esos cuentos de viejos, son chiquititos, pero no tanto como para caber en una mano. Tienen el tamaño de una gallina adulta. Sus ojos son amarillentos, de pupilas finas, y miradas nerviosas. Suelen parpadear rápido y pareciera que están siempre listos para salir disparados en cualquier momento. También tienen una cola laaarga que, creo yo que de nada les sirve, pero es bien bonita. Mamá también me contó que las escamas rojizas que recubren su piel son ásperas y algunas pinchan, aunque yo no creo que sea así. Apuesto que son tan suaves como una nube, así como el pelo de un conejo blanco, como el de Alicia.

También tienen garritas como de gato, al punto de guardarlas y volverlas a sacar cuando están contentos. Mamá me contó que hasta parece ponerse a "ronronear" si se los deja dormir sobre el regazo, mientras se les rasca la barbilla.

Ella sabe todo eso porque tuvo uno escondido de mi abuela un par de días cuando era chica, hasta que lo dejó ir, según me contó. Después de un tiempo el bicho había puesto medio loquito y le masticó el pelo cuando dormía. Me dijo que supo que no era feliz encerrado en una caja abajo la cama y, bueno, lo liberó. De tener uno, en mi casa no habría problemas. Mamá sabe de ellos y lo ama y papá quiere una mascota desde hace rato pero él dice que los animales no se buscan, ellos llegan cuando los necesitamos.

Yo necesito uno… pero parece que quedan pocos. Si los bichos como esos son del tamaño de una gallina, parecidos a los gatos y con escamas suaves como el pelo de un conejo blanco, no entiendo cómo se los ha rechazado tanto... pero bueno, ¿cómo no hacerlo? La gente los pinta como bichos malos que escupen fuego, enfrascados en cuevas, que custodian castillos con princesas o tesoros y eso está mal, pero no se puede hacer nada porque la gente es tonta y prefiere creer lo que dice la mayoría. Yo creo que hay que ser un poco más inteligente.

Para mí sería la mascota perfecta. Digo, ¿qué nene no querría tener a un bicho como esos; del tamaño de una gallina, mimosito como un gato y con escamas tan suave como el pelo de un conejo blanco? Sería muuuuy lindo.

Pero bueno… A todo esto, yo también vi a uno de esos, no solo mamá. Fue una mañana hace ya mucho tiempo, años diría, pero cuando lo digo así la gente no me cree. Bueno, continúo. Fue en el pajonal cerca de casa: Yo miraba el cielo, mientras contaba las nubes y les buscaba formas, cuando lo vi pasar. Sus alas de murciélago estaban abiertas y parecía estar planeando como un avioncito de papel.

Rápido fui a contárselo a mamá. Muy contenta me dijo que no tienen buen temperamento y suelen atacar ante cualquier señal de peligro, por lo que sería conveniente dejarlo ir la próxima vez que viese alguno. No sé qué sea temperamento, porque mamá es profesora de historia y siempre usa palabras raras para hablar. A veces se le olvida que estoy en jardín. Yo entiendo que son bichos ariscos, más bien como los gatos monteses, pero del tamaño de una gallina y con escamas suaves como el pelo de un conejo blanco.

Desde ese día, suelo mirar todas las mañanas el pajonal. Tengo la esperanza de encontrarme a alguno amistoso, con tal de ver si realmente son del tamaño de una gallina, si su piel es tan suave como las nubes, como los pelo de un conejo blanco, pero con el deseo de que sea amistoso como un gato doméstico y no como un gato montés.

Pero después me acuerdo que el mundo está lleno de gente como Diego, que no entiende y no hace más que decirme cosas que no quiero oír. ¿Por qué les molesta? Si muchas cosas de las que ellos consideran ciertas, son mentiras para mí.

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