La flecha del olvido

Js Nieves

Sonó la campana que anunciaba el término de las clases, era un día soleado, y como era viernes podíamos demorarnos unos minutos más para llegar a casa, así que mis amigas y yo, nos compramos unos helados mientras conversamos por el camino de siempre.


— ¡Carla, mira!— exclamó mi amiga Brenda dándome un codazo haciendo que por poco bote mi helado.


— ¡Pero que...!— no pude terminar la frase de regaño hacia mi amiga, cuando miré en dirección a donde me señalaba.


Al frente de nosotras, en una cancha de fútbol, un grupo de alumnos de nuestro colegio empezaban a jugar y entre ellos estaba él, aunque sabía que lo vería ahí, siempre me sonrojo al verlo, como si fuese la primera vez.


Su nombre es Mauricio, de signo Capricornio, alto, guapo, con una sonrisa hermosa, le gustan los chocolates, lo sé porque siempre lo veo en el recreo comprando el mismo chocolate con relleno de maní, el mismo que a mí me gusta. Él está en el último año de secundaria, mientras que yo soy un año menor.


Solo mis mejores amigas saben que desde el primer año que lo vi, me gustó. Y cada vez que me lo encuentro dentro o fuera del colegio, ellas empiezan a hacer ruidos extraños como de ambulancia, haciendo que me avergüence. Se que no lo hacen con mala intención y es para que el se fije en mi, pero ni una sola vez el a volteado a mirarme, ni una sola vez y eso me hace sentir muy triste. 


— Creo que será mejor empezar a cambiar nuestro camino de regreso a casa— sugerí a mis amigas mientras sentía tristeza en el corazón.


— ¿Carla, pero que dices?— pregunto Julia extrañada —Sí, prácticamente nosotras venimos siempre por este camino especialmente para que puedas ver a tu amado —continuó.


— Por eso lo digo, siempre venimos por este camino a pesar de ser el más largo para llegar a nuestras casas —respondí con tristeza — En todo este tiempo ni siquiera por error Mauricio me a mirado, ni sabe que existo...—sentía como se me hacía un nudo en la garganta y un dolor raro en mi estómago, sentía mucha tristeza.


— ¡Eso es! —exclamó Brenda 


Miré la cara de felicidad de mi amiga, por un segundo creí que no había escuchado nada de lo que acababa de decir. Yo había decidido evitar ver a Mauricio aunque solo pensarlo me sentía enfermar. 


— Es cierto que Mauricio nunca te a mirado, pero eso no quiere decir que no lo haga ahora— siguió hablando Brenda


— No entiendo —respondí


— Es sencillo, tú escribirás una carta, caminas directo así él, se la das en sus manos y luego te vas —explicó entusiasmada Brenda —por tu cara veo que sigues sin entenderme —añadió— tú le escribirás una carta de amor!!!


— ¡¡¡Estás loca!!! —exclamé 


— ¡¡Funcionará!!, lo he visto en los doramas, la chica le da una carta al chico, se enamoran y viven felices para siempre — seguía explicando mi amiga con mucha alegría y segura de los que decía.


— No parece tan mala idea— intervino Julia que ya había terminado su helado mientras escuchaba Brenda explicar su gran idea.


— ¿Tu también Julia? — pregunté sorprendida 


—  Míralo de esta manera— dijo —Si le escribes la carta y le gustas, lo sabrás y si no le gustas... recuerda que falta poco para que acabe el año escolar, es su último año en nuestra escuela y no tendrás que volver a verlo. Así que no pierdes nada.


Las palabras de Julia me hicieron dudar, tal vez no sea mala idea.


Ese noche en mi cuarto decidí en escribir la carta. Eran tanta las cosas que quería decirle. 

Pero el miedo a que me rechace también era grande. Era casi la media noche y yo volvía a leer lo que había escrito. El miedo y la tristeza se apoderó de mí y me puse a llorar pensando en todas las maneras en que el me rechazaría, porque estaba segura que así sería.


— ¿Por qué lloras? —susurró una voz


Levanté la cabeza pensé que sería mi papá o tal vez el molesto de mi hermano, sequé rápidamente mis lágrimas.


Lo que vi fue una silueta era un hombre aunque su rostro parecía la un niño. Me asusté iba a gritar cuando camino hacia mi y me abrazó, era un abrazo tan cálido que sentía como la tristeza se iba, dejaron de salir mis lágrimas y me sentía mucho mejor.


— Tu tristeza me hizo venir — susurró mientras me soltaba su abrazo lentamente.


— ¿Quién eres?, creo que me volví loca y ya estoy alucinando— pregunté confundida 


— Tengo muchos nombres, pero mi nombre más famoso es "Cupido"— respondió mientras acariciaba mi cabeza como consolándome — Y no, no soy una alucinación, en verdad existo solo que no suelo aparece muy seguido solo en ocasiones especiales —añadió guiñándome un ojo.


— Si eso es cierto, entonces dime ¿Por qué has venido? — pregunté


— Ya te lo dije, fue tu tristeza la que me hizo venir. Y para que no sientas está tristeza tan profunda quiero ofrecerte algo muy especial — explico aquel ser de nombre Cupido mientras se sentaba en una silla frente a mi — Quiero regalarte una de mis flechas


— No quiero ofenderte pero, para que quisiera tener una flecha?— pregunté


Cupido se hecho a reír


— No me has entendido, te explicaré. Cómo sabrás, yo puedo unir corazones, hacer que estos latan uno con otro por siempre, uno parejas para toda la vida y yo sé que tú amas a alguien y por eso sufres, verdad?


— Si —baje la cabeza con tristeza 


— Bien, yo te ofrezco dispararle una de mis flechas al muchacho que te gusta y él al verte al instante te amará por siempre y para siempre. Así ya no estarás nunca triste. 


Levanté la cabeza lo mira con cara de asombro alucinación o no todo parecía real y no iba a desperdiciar esa gran oportunidad. 


—¡Hazlo¡ —respondí al instante


—Espera, eso no es todo. SI el muchacho al que tú amas ya tiene un sentimiento hacia ti, entonces cuando yo le dispare con la flecha todo ese sentimiento hacia ti se perderá para siempre Entendiste?


No había ninguna duda al respecto, yo sabía perfectamente que yo no existía para él, de eso estaba segura. 


— Entiendo lo que dices. Y acepto — respondí con firmeza. 


— El regalo fue aceptado, entonces mi trabajo aquí a terminado — diciendo esto, Cupido simplemente desapareció. 


Al día siguiente salí a correr como todos los sábados en la mañana a un parque cerca del colegio sabía que vería a Mauricio ahí, él siempre sale a correr acompañado de Tadeo uno de sus mejores amigos.


Aún estaba pensando si lo de anoche había sido un sueño o parte de mi imaginación, cuando vi a Mauricio llegar vestía ropa deportiva como siempre, se veía tan guapo.


Me di valor a mi misma y caminé decidida en dirección hacia él. Metí mi mano al bolsillo y saque la carta. Me detuve frente a él, enmudecí por unos segundos, vi como su amigo y él mi miraron con cara de sorprendidos yo estaba muriendo de nervios por dentro. Fue entonces que saque la carta...


— Esto es para ti —dije con voz temblorosa recordando si mi alucinación de "Cupido" era cierta vería a Mauricio tomándome entre sus brazos diciéndome cuánto me ama.


— ¿Tadeo, ella es amiga tuya? —preguntó Mauricio a su amigo mirándome como si fuera una completa extraña, aunque realmente lo era — Me voy a casa tengo sueño. Hasta luego— añadió Mauricio dándole un pequeño golpe en el hombro a su amigo y dirigiéndome un gesto con la cabeza en forma de despedida.


Me quedé parada aún con la carta en mi mano y viendo cómo Mauricio me había rechazado de una manera tan cruel, todas las historias con final feliz que me había imaginado en mi cabeza se esfumaron. Y en eso momento sentí lo que era tener el corazón roto.


— Carla, perdona. Adiós— fue lo que dijo Tadeo antes de correr detrás de su amigo.


No sabía que hacer quería que la tierra me tragara. Cómo iba a poder mirarlo nuevamente sin sentir vergüenza.


No tuve el valor de contarle a mis amigas lo sucedido, no quería volver a revivir ese momento tan triste y vergonzoso.


Transcurrió una semana de lo sucedido.


No tuve necesidad de evitar ver a Mauricio, ahora era él quien no se dejaba ver, deje de verlo en los recreos comprando sus chocolates de siempre, tampoco iba a jugar partido con sus amigos y al llegar el sábado no lo vi corriendo como siempre. Estaba tan triste y desanimaba que me senté en una banca mirando en dirección al lugar en donde una semana atrás intenté entregarle mi primera carta de amor.


— Hola, tu nombre es Carla, verdad? — pregunto una voz detrás de mi 


Era Tadeo del amigo de Mauricio, en ese momento recuerde que aquel día también me llamó por mi nombre 


— Hola, si, soy Carla — respondí aunque avergonzada por lo sucedido la última vez.


— Se que es la primera vez que hablamos, pero ya sabía tu nombre, se muchas cosas de ti — dijo Tadeo mientras se sentaba a mi lado


— Espera... lo que sucedió la semana pasada aquí no fue lo que crees— respondí presurosa por lo incómoda que se estaba volviendo la conversación 


— Seré directo. Puedes decirme si entre tu y Mauricio a pasado algo? —preguntó en tono serio


— Ente Mauricio y... —estaba confundida, porque viene a preguntarme eso.


— Mauricio es una persona alegre, entusiasta a veces demasiado optimista pero sobre todo... muy enamorado — dijo —No me atrevería a interferir entre ustedes sino supiera lo mucho que el estuvo enamorado de ti pero desde hace una semana exactamente desde el día en que le quisiste dar aquella carta él se volvió otra persona, ya no tiene esa alegría, no tiene ganas de hacer nada, a penas hace las tareas y dejo de frecuentar los lugares en dónde solo iba para verte — añadió


— ¿¡Que me estás diciendo!?— pregunté sorprendida, no podía creer lo que está escuchando. 


— Cuando te dije que se muchas cosas de ti es por Mauricio, siempre se la pasa hablando de ti que eres de signo Libra, usas trenzas solo cuando llega el verano, te gusta el chocolate con relleno de maní. Él juega el fútbol los viernes aunque lo detesta, solo lo hace porque dice que te ve pasar cuando vas de camino a tu casa y sin contar que solo los sábados se levantaba temprano para venir a correr aquí porque sabe que tú lo haces.


— ¡Debo irme! — exclamé mientras me ponía de pie de un brinco y corrí a mi casa.


Me puse a llorar, pero está vez era de alegría, "él me ama" "él me ama" repetía mientras lágrimas salía de mis ojos sin cesar, pero el ya no quiere saber de mi ¿por qué? pensé que era una tonta porque no se me ocurrió seguir conversando con Tadeo tal vez descubramos lo que sucedió, así que me dirigí de nuevo a la puerta.


— Espera — susurró una voz detrás de mi.


No era una alucinación, era de nuevo "Cupido" 


— Entonces, ¿si eres real?— pregunté— Ayúdame, es Mauricio... él...


— Sabías perfectamente lo que sucedería si aceptabas mi regalo y se cumplió, veo que al parecer no le eras tan indiferente a aquel muchacho


— Tienes razón, pero no lo sabía, ahora todo está mal y no es solo porque se olvidó de mi, sino que el cambió, ya no es el mismo ahora es una persona triste y todo por mi culpa


Empecé a llorar, deseaba nunca haber aceptado ese regalo, preferiría ser yo quien lo olvide a él en vez que él pierda su esencia, quería que vuelva a ser el Mauricio de quién me enamoré.


— ¿Eso es cierto? — preguntó Cupido —serías capaz de sacrificarte con tal que él vuelva hacer el de antes?


— Como supiste lo que pensaba — dije entre sollozos — es la verdad, solo quiero que él no sufra, quiero que sea el mismo Mauricio de siempre.


— Ahora me conmueve tu desprendimiento y como mi regalo no puede ser deshecho solo transferido se cumplirá la próxima vez que lo veas, él será el mismo de antes, volverá a recordarte y tú lo olvidarás completamente.


Nunca más volví a ver a Cupido pero había una cosa más que debía hacer antes de volver a ver a Mauricio.


Conversé con Tadeo, obviamente no le conté lo de "Cupido" sino me creería loca solo le dije que así como él yo también quería que Mauricio sea el mismo de antes, también le dije que yo era demasiado tímida, además que a mí también me gustaba mucho Mauricio, le conté más detalles sobre mi y le pedí que sea mi amigo, le advertí que tal vez yo me vaya a comportar un poco extraña los próximos días pero se me pasará. 


También le di la carta que escribí y le hice prometer que solo me la daría cuando Mauricio y yo seamos pareja 


Y así sucedió Tadeo, cumplió su promesa, poco a poco le fue contando a Mauricio cosas sobre mi. Y lentamente fue enamorándome, fue algo tan mágico e increíble. Pero lo mágico sucedió el día que Mauricio me pidió ser su novia y acompañarlo a su fiesta de despedida de su último año en el colegio. Esa noche Tadeo me entregó una carta, al abrirlo me percaté que era mi letra, aunque al principio no había recordado haberla escrito, fue cuando termine de leerla que recordé todo lo que había sucedió los últimos meses, mi llanto, Cupido, mi confusión sobre mi amor no correspondido, el sacrificarme por Mauricio, la conversación con Tadeo y finalmente el volverme a enamorar de mi primer amor.


Si bien es cierto el flechazo de Cupido no tiene reversa, también es cierto que el amor tiene sus propias armas. 

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