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Una pizza muy espacial

La ave María
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Quien percibió la extraña frecuencia es Marty. Apenas era una cadete y solo tomaba turnos en las oficinas, nada muy especial. Su tío, el oficial de comunicaciones Stand, la inscribió en las rondas de su departamento en un acto de aprecio por la chica; para que fuese conociendo las diferentes funciones del lugar. Aún faltaban algunos meses para que ella oficializara su elección de especialidad y él aseguraba que estaría de su lado. 

Aun así, ella estaba un poco insegura. No sabía si todavía sería comunicaciones lo que elegiría como especialidad en la academia. Ser piloto parecía ser algo mucho más especial que estar descolgando teléfonos. “Es más que eso, Marty” decía su tío y probablemente sí, pero ¿es acaso más genial que estar cruzando los cielos en un avión? Marty creía que no. 

Sin embargo, ella intentó darle una oportunidad. Sobre todo, después del anuncio.  

Hacía ya varios meses que la academia estaba envuelta en una atmosfera de excitación y ansiedad. El equipo del comandante Stand había percibido levemente una frecuencia fuera del planeta. Era un sonido extraño y difuso que se había colado en sus satélites. El almirante había ordenado más estudios y dos semanas después llegó un nuevo aviso por parte de una de las naves enviadas desde la tierra: los estudios sobre vida en otro planeta se hacían realidad. Había algo, pero aun no podían confirmar que era. Aunque intentaron construir algoritmos para descifrar aquella señal, hasta el momento no habían tenido resultado.  

No se tenía otra señal hasta hacía una semana. Un oficial había percibido de nuevo la repetición de aquella frecuencia y basándose en el patrón de la primera vez, era posible que aquella semana se volviera a escuchar. No todos estaban muy optimistas por eso, pero Marty sí. Creía, muy ingenuamente, que quizás si había vida en otro planeta, ellos serían los encargados de investigar. Por eso también quería ser piloto; salir del planeta era una cosa de locos, ¡sería genial! Solía decirle eso a Mike, su compañero de litera, pero el pelirrojo era mucho más realista que ella

—Tu asumes que los extraterrestres serán amables. 

—¿Y por qué no?

—Porque quizás solo vengan a conquistarnos y desintegrarnos. ¿No has visto las películas?

—Tú has visto muchas, al parecer. 

A Marty no le importaba nada de lo que dijera Mike. Ella se mantenía optimista y ¿por qué no? Quizás todas esas películas solo eran eso, ficción. ¿De dónde sacaban ellos que los extraterrestres iban a desintegrarlos? Mike también tenía una respuesta para eso, pero Marty no quería escucharla. 

El turno de aquella noche era de ella. Era una semana importante porque en cualquier momento se podía generar un enlace, por eso su tío la dejó a cargo, de nuevo animado por esa sensación de enseñarle a su sobrina. Marty se recostó en la silla de ruedas y se puso los audífonos. La señal ingreso, pero ella no escuchó a la primera. El parpadeo azul de la pantalla la alertó. 

Rápidamente dejó los audífonos a un lado y los cambió por los que estaban conectados al panel de control. Ahí estaba: Era un silbido suave acompaño de lo que parecían palabras en otro idioma. Marty no pudo evitar compararlo con su primera clase de alemán. No entendía nada en ese entonces y ahora sí que menos.

Grabó la señal y esperó, pero el mensaje no tardó mucho. Treinta segundos de silbidos y palabras en un extraño alemán, eso era lo que tenía. La pregunta era, ¿Qué iba a hacer ahora? Quizás avisarle a su tío, aunque… ¿por qué no hacer algo más? Su tío quería sentirse orgulloso de ella y quizás esta era una buena oportunidad. 

Marty presionó algunos botones, buscó el canal de recepción de la señal, tomó el micrófono y pronunció un “Hola”. Ni siquiera fue uno a modo de pregunta, fue un saludo casual, uno de esos que se les hace a los amigos o el que se pronuncia al llegar al supermercado de la tienda donde ya te conocen. Del otro lado no hubo respuesta. 

—Hola, ¿me están escuchando? ¿hay alguien?

Nada. 

—Soy la cadete Marty de la Academia Terrestre Nusa. 

Esta vez hubo algo. Un silbido. 

—¡Ay por dios! ¡Estoy hablando con extraterrestres! —Gritó Marty 

Del otro lado hubo un chirrido y la cadete recuperó su lugar. 

—Lo siento, perdón si te asusté. Solo… me emocioné, ¿sabes? No es como que sea algo tan normal esto. 

La señal emitió uno de esos ruidos que Marty creía era una palabra en alemán. 

—Okei, conseguiré un diccionario. 

Durante un rato Marty estuvo enseñando alemán. A lo que sea que la escucha del otro lado, le explicó lo básico: Ja era para afirmar algo y nein para negarlo. 

—A ver probemos si entendiste. ¿Sabes lo que es una pizza?

Solo Marty podría haber interpretado aquel sonido que se escuchó. No era un silbido, era… una palabra de bebé, una de esas onomatopeyas que dicen los recién nacidos y nadie sabe realmente que dice. Sin embargo, Marty sí porque además ella había cuidado a los hijos de sus vecinos durante tres años. Ella sabía que ese “fei” producido por sus nuevos amigos o amigo, era la respuesta a su pregunta.  

—¿No? ¡Esto es progreso! Aprendes muy rápido —Respondió ella aplaudiendo— Lo primero que deberían hacer al llegar a la tierra es pasarse por un Domino’s y pedir una Hawaiian Chicken. ¡Es demasiado deliciosa! 

La señal reprodujo un silbido que Marty dejó pasar. Aún no había llegado el momento de interpretar esos, iba apenas con las palabras en el extraño alemán. 

Un rato más hablando de pizzas y la preocupante situación de la píña en ella, la puerta del cuartel se abrió. Marty se giró rápidamente para ver como su tío ingresaba con un número de al menos diez oficiales. 

—¡Marty! ¿Qué haces? ¿Por qué no me llamaste? 

Los oficiales empezaron a encender los demás computadores y máquinas alrededor. Había gente con armas en la puerta e incluso afuera. Marty las pudo ver a través de la ventana. 

—¿Qué pasa, tío? 

—Recibí la alarma de una nueva comunicación. ¡Por qué no me avisaste! 

—Estaba tratando de descifrarlo. 

—Pero no sabes cómo hacerlo

—¡Claro que sí! —Marty gritó y a través del parlante de nuevo el chirrido apareció— Lo siento. 

—¿Eh? ¿Entiendes? 

—Pues… 

—¡Jefe, mire! 

Todos desviaron su atención al enorme ventanal que daba al bosque que rodeaba la academia. Una luz blanca pasó rápidamente y desapareció. 

—¡Rastreen el área! —Ordenó el comandante Stand. 

—Tenemos algo —Exclamó un oficial— Es… oh. 

—¿Qué? 

—Fue en la ciudad más cercana. Un objeto volador asaltó un Domino’s. 

—¿La pizzería? —EL oficial asintió. 

—Es cierto jefe, está en la internet.,

En las pantallas se reprodujeron diferentes videos tomados de celular es; se podía ver una pequeña sucursal de Domino’s iluminada por un rayo de luz que provenía del cielo. De repente varias cajas de pizzas empezaban a subir a través de este, como si fueses atraídas por una especie de imán. Al cabo de unos segundos, la luz se apaga y todo vuelve a la normalidad. 

—¿Pero qué carajos? 

Marty no podía creerlo. 

—¿Compraste pizza? —Anunció por el micrófono y su tío entonces la regañó con la mirada. 

—¿Qué haces? 

Pero la respuesta de ella fue interrumpida por el sonido de un silbido en los parlantes. 

— ¿Eso es un sí? —Preguntó Marty y escuchó una nueva onomatopeya: da. 

—¿Quieren alguien explicarm…?

—Jefe… 

Un oficial rubio interrumpió al jefe y a todos señalando hacia el ventanal. Nadie podía creerlo. A unos metros de ellos, un objeto triangular se mantenía en el aire con una luz blanca a su alrededor. El alboroto de abajo los devolvió a la realidad. Un escuadrón de al menos 30 hombres se apiló a la entrada de la academia con armas en sus hombros. 

—¡Que nadie dispare! —Gritó Marty. 

—Pero no sabemos que quiere. 

La nave emitió un ruido y las armas quitaron el bloqueo listas para disparar. 

—Esperando confirmación —Se escuchó por el parlante. 

De un lado del objeto triangulas se desprendió una plataforma que las luces de las armas señalaron. 

—¿Qué es? ¿Va a disparar?

—Teniente, ¿Qué ve? —preguntó el tío de Marty. 

—Señor es… una caja de pizza. 

Mary soltó una risa. 

—¿Qué es tan gracioso?

—Nada… nada —Respondió ella secándose las lágrimas productos de la risa—  Nos vemos abajo. 

La cadete caminó a la salida y antes de bajar por el ascensor, regresó sobre sus pasos. 

—¿Alguien tiene problema con la piña en la pizza? Más les vale que no.