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¡Feliz Aniversario!

Kenia De LaTorre Gonzalez

El marido jugueteaba nervioso con sus dedos.Se notaba su incomodidad, pero aún así empezó a hablar.


—Y aquí estamos. Hace un año que nos casamos y ya estamos teniendo problemas.

Yo no me quiero divorciar, pero la verdad es que siento que todo se ha enfriado entre nosotros.

La rutina y las largas horas de trabajo primero y la cuarentena después.

Creo que eso es lo que terminó de arruinarlo todo.

Tanto tiempo juntos, encerrados, viéndonos todo el día en el peor atuendo de todos los tiempos y sin ganas de cambiarse o bañarse. Yo no, ella se bañaba diario, claro, hasta que le dije que se iba a acabar el gas y no tenía dinero para comprarlo. Y no tenía, pero afortunadamente volví a trabajar, sin embargo, fueron meses terribles de incertidumbre y ansiedad en los que la hice padecer la peor de mis personalidades. Tengo varias já, já. Ok, mal chiste. El caso, es que reconozco mi culpa, mi parte de la culpa.


—Es normal sentirse así, señor Márquez. La situación ha afectado a mucha gente.

—No, pues ya.

—¿Cuál considera que sea la parte de culpa que le corresponde?

—¡Se la acabo de decir! ¡¿No me estaba escuchando?!

—Por supuesto que sí. Bien, esa es "su parte de la culpa", ahora cuénteme cuál considera que sea la de su esposa.

—Disculpe, estoy algo tenso, esto me pone nervioso.

—No hay por qué, señor Marquez, están aquí para expresarse, para hablar de todo lo que necesite. Prosiga.

—¿Cuál era la pregunta?

—Qué cuál considera que sea la parte de culpa de su esposa.

—Ah. Pues para empezar, su estúpida obsesión por la limpieza. Quiere estar limpiando todo, todos los días. O sea ¡¿Para qué?! Yo pienso que un día sí y dos no, está bien, excepto los trastes, claro, esas cosas se reproducen apenas volteas a otra parte. Pero le compré una bolsota de platos de cartón y se enojó. Me gritó que era un huevón. Y la tapa del baño, y que dejó salida la cortina del baño y se sale el agua...yo no lo hago a propósito, pero ella no quiere aceptar que se casó con un baboso descuidado. A veces me acuerdo, pero al día siguiente se me olvida.

—¿Ama a su esposa?

—¡Si! Pero a veces creo que ella ya no me ama a mí.

—Bien, hay que tener en cuenta que la que hizo la cita fue ella. Si no hubiera interés en salvar la relación ¿Lo habría hecho?

—No, pues sí, pero es que últimamente se la pasa gritándome por todo. Yo soy muy sensible, no me gusta que me grite, me pongo triste. No le diga. Sé que se va a reír, pero cuando me grita muy feo, me encierro en el baño a llorar.


*****

La esposa entró y con un aire de superioridad, registró con la vista todo el lugar.Después de asegurarse que el sofá estuviera debidamente sanitizado, se sentó.

—Buenas tardes, señora Márquez.

—Yo no me apellido Márquez.

—¿No usa el apellido de su esposo?

—No ¿Por qué lo haría? Yo tengo el mío.

—Y cuénteme, señora…

—Márquez.

—¿Perdón?

—No es el apellido de él, pero nuestro primer apellido es el mismo.

—Entiendo. Dígame, señora ¿Cuál es el motivo que la impulsó a comenzar con esta terapia?

—¿Cómo que cual? Pues intentar salvar mi matrimonio. Apenas ha pasado un año y la verdad, no quiero enfrentarme a un divorcio con todo lo que eso conlleva. Además, sería una vergüenza asumir este fracaso ante mi familia después de todo lo que gastaron en la boda y la luna de miel.

—¿Son esos los únicos motivos?

—Pues sí.

—¿Ama a su esposo, señora?

—¿Qué? ¿Amor? Eso no existe, esas son estupideces de las telenovelas que ve Juana, la sirvienta.A la que por cierto, tuve que despedir porque el inútil de mi marido se quedó sin dinero. O eso dijo. Ahora la que tiene que limpiar todo soy yo ¿Y él? ¡Ja! ¡Es un marrano que solo se dedica a ensuciar todo!

—¿Por qué se casó con el señor Márquez?

—Porque me prometió muchas cosas.

—¿Cosas materiales?

—¿Pues qué, me vio cara de interesada?

—¿Y qué tipo de cosas le prometió?

—Pues para empezar, que nunca más iba a vivir en la maldita miseria, y que nunca más, iba a tener que maltratar mis manos limpiando una casa. Ni siquiera la mía ¿Y cumplió? ¡No!

—Usted sabe que con lo de la pandemia, muchas cosas han cambiado, mucha gente se ha quedado sin empleo y la economía va bien solo para unos cuantos.No puede culparlo por algo que no está a su alcance solucionar. En la conversación que mantuvimos esta mañana, le pregunté a su esposo cual consideraba que era su responsabilidad en el conflicto que los trajo hasta aquí...Le hago la misma pregunta.

—¿Qué tengo la responsabilidad?

—No, cuál cree que es su parte de responsabilidad.

—Ninguna.

—¿Ninguna?

—Yo cumplo con mi parte como esposa, a pesar de todo. Mantengo la casa limpia, hago milagros con lo que tenemos en el refrigerador…

—Disculpe que la interrumpa, pero eso que usted menciona, es importante, sí, pero ¿Qué hay del cariño? ¿De la comprensión? ¿Alguna vez le dijo a su esposo algo amable? ¿Lo animó cuando todo parecía ir cuesta abajo? ¿Cuándo la incertidumbre lo carcomía en silencio? ¿Le dijo que todo iría bien y le dio un abrazo?

—No, la verdad no. Qué flojera.

—¡¿Entonces, me dice que usted solo ve a su marido como un cajero automático, un proveedor sin sentimientos y que cuando la fuente se agota, prefiere desecharlo como un trapo viejo?!

—¿Me está gritando?

—¡Si, señora! ¡Porque me ha dado las razones más estúpidas y egoístas por la que alguien se puede casar! No sé por qué está aquí, usted no quiere arreglar nada realmente! ¡Y si le soy sincero, divorciarse de usted, sería lo mejor que le podría pasar a su marido! ¡Ahora salga de aquí!

—¡Todavía quedan veinte minutos!

—¡La sesión terminó!


De más está decir que ese matrimonio no se pudo salvar, que ella ignoró todo lo que él le preparó esa noche para su aniversario; que no volvieron para otra sesión; que lo dejó sin casa, sin auto y sin dinero luego del divorcio. Que exactamente un año después, en el que hubiera sido su segundo aniversario, él entró a la que fuera su casa y se ahorcó en medio de la sala con una cartulina verde fosforescente atada a sus pies que decía: “¡Feliz aniversario!”

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