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Un arma de doble filo

Starritae
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Los ojos cerrados


La respiración lenta y profunda


Manos sobre las rodillas con los índices y pulgares juntos.

 

La meditación no estaba dando frutos, o tal vez no los que Eillyn estaba buscando. Había acabado frustrada intentando escribir el nuevo capítulo de su famoso fanfic titulado ‘La espada maldita’. Pero la inspiración se le había escapado de las manos como agua entre los dedos.

 

Eillyn poseía un blog de escritor que había recibido reconocimiento gracias a las historias que allí compartía. Sus palabras solían derramarse con facilidad como una enorme cascada de agua cristalina cuando su inspiración trabajaba a tope. Pero ahora, justo en el momento en el que más necesitaba concentrarse y dedicarse netamente a escribir, la musa había desaparecido por completo. 


La presión, la universidad, y su ritmo de vida, le habían impedido dedicarse de lleno a la escritura, por lo que sus niveles de frustración se encontraban por los cielos.

 

Sus seguidores eran pacientes, lo fueron durante todo este tiempo en el que su actualización se retrasó; sin embargo, llegó un punto en el que los comentarios preguntando por el capítulo se tornaron molestos.

 

La escritura se había convertido en un refugio seguro que le ofrecía paz y  tranquilidad. Se trataba de un escape a otra vida, a otro mundo, a otra ella. Escribir era como volar: Podías ir a donde quisieras, a la velocidad que desearas, en la dirección que más te gustara, y aquello para Eillyn siempre había significado libertad. Pero ahora mismo le representaba una carga. 

 

Desde luego que agradecía a cada persona, cada comentario, voto, opinión buena o mala sobre su trama, porque al final sin los lectores, un escritor sería sencillamente como un cantante sin audiencia,

sin aplausos, sin espectáculo… 


Eillyn sabía muy bien esto, lo apreciaba profundamente y por ello se esforzaba. Después de todo no deseaba decepcionar a quienes por tanto tiempo la habían acompañado. Pero no podía forzarse a hacer algo que simplemente le estaba resultando difícil.

 

Lo había intentado varias veces, de distintas formas: Escuchó su música favorita, observó algunos capítulos de la serie para ver si su musa regresaba, pero le resultó sencillamente imposible. Era demasiado complicado hacer aflorar su inspiración.


¿Por qué los escritores tenían aquellos momentos de bloqueo? ¿Acaso no sería más sencillo simplemente evitar que eso ocurriera? De esa forma no se sentiría tan decepcionada consigo misma y no haría que los demás lo estuvieran también.

 

Abrió los ojos, había perdido por completo el hilo de la meditación guiada que estaba haciendo, era bastante obvio que su mente no estaba tranquila y que aquel ejercicio lejos estaba de ofrecerle paz y quietud a su concurrida mente. 


Se levantó y de mala gana pausó el video que estaba escuchando. Caminó lentamente de vuelta hacia la cocina en donde su madre estaba sentada, tejiendo mientras escuchaba la radio.

 

—Eillyn, cariño, ya que estás aquí… —Su madre se detuvo, la mirada en el rostro de su hija gritaba que ella no se encontraba bien —. ¿Qué ocurre?

 

—Nada importante, ¿qué necesitas que haga?

 

Su madre hizo silencio y continuó su inspección.

 

—¿Algo ocurrió en la Universidad? —Insistió con la esperanza de que su hija le dijera algo, pero sabía que en realidad era bastante difícil que lo hiciera.

 

—Estoy perdiendo dos materias, mamá… 


—¿Por qué? Tienes todo el tiempo del mundo para dedicarte a estudiar, ¿Qué es lo que te ocurre? —

Eillyn bufó, sabía que había sido un error haber dicho algo sobre su estado de ánimo.

 

—¿Qué es lo que necesitas?

 

—Saber si me acompañabas al Mall. Quiero comprarme zapatillas nuevas, ya me urgen —Movió de un lado a otro sus zapatos negros brillantes un poco desgastados en las puntas. Para Eillyn no había necesidad de cambiarlos, pero sabía que su madre era una persona sumamente demandante en cuanto a físico se trataba. Le encantaba lucir como si asistiera a una entrevista de trabajo en todo momento. Esto era algo que su hija no había heredado en absoluto, ya que ella se sentía cómoda en ropa ancha, zapatillas y camisetas. Lo único que Eillyn hacía con devoción, era cuidar de su piel y cabello. Para ella lucir bien sin maquillaje era la clave para estar siempre presentable sin demasiado esfuerzo.

 

—Está bien… —Aceptó sin demasiado convencimiento, pero intentando pensar que tal vez el salir a despejar su cabeza, y quizás el cambio de espacio, le haría lo suficientemente bien como para poder continuar con los últimos capítulos de su relato.

 

Sintió su teléfono vibrar dentro de los bolsillos de sus vaqueros y lo ignoró, conocía perfectamente el sonido de esas notificaciones y sabía que seguramente se trataba de alguien quien había escrito algún comentario en su famoso fanfic. 


—Date prisa y cámbiate entonces. 


Ella asintió y subió nuevamente a su habitación para lucir un poco más presentable. Al menos lo suficiente como para salir con su madre sin que se enfrascaran en una discusión sobre su "inadecuada" forma de vestir.

 

Cuando estuvieron listas, ambas caminaron en silencio hacia su destino mientras observaban las concurridas y comerciales calles de su barrio. Resultaba increíble saber que habían recorrido tantas veces el mismo lugar, sin detenerse a observarlo con atención.

 

Descubrieron negocios ubicados en los segundos pisos de algunas casas, entre ellos varios dedicados a la venta de lanas, hilos, telas y distintas herramientas que a su madre le encantaban, ya que su pasatiempo de toda la vida era tejer.

 

Durante su divertida expedición por su propio barrio, Eillyn observó una vieja clínica que había estado allí desde que tenía memoria. Al acercarse, un cartel le llamó mucho la atención: 


“¿Eres escritor y alguna vez has experimentado un bloqueo? La ciencia ha desarrollado la cura para todo aquellos que han sufrido de esta afectación que retrasa tu proceso creativo. Descubre la información sobre el procedimiento en nuestro sitio web”


Se detuvo observando el anuncio con la ilusión implícita en su rostro. Sus ojos marrones se iluminaron y de pie frente aquel tablero repleto de publicidad, supo que aquella iba a ser la solución a sus problemas. Este procedimiento le permitiría escribir historias con muchas más facilidad y ritmo. ¡Era perfecto!

 

Anotó rápidamente la dirección de la página web de la clínica y echó un vistazo rápido a su alrededor. Los enfermeros, pacientes y personas que se encontraban allí, eran personas del común. No parecía tratarse de ninguna trampa.

 

Su madre quien había permanecido en un negocio de decoración artesanal, no notó lo que su hija, quien regresaba con una sonrisa en sus labios, había visto momentos atrás.

 

Se apresuraron entonces hacia el gran Centro Comercial de la ciudad, con Eillyn sumamente emocionada por su descubrimiento. Mientras su progenitora observaba zapatos y los probaba con sumo interés y emoción, ella navegaba en internet buscando la información que buscaba. Sin embargo, su investigación fue interrumpida por su acompañante, quien no dejaba de reclamar su atención.

 

—Creo que estos podría usarlos en el trabajo, son bastante cómodos, sofisticados y lo mejor de todo es el precio, mira —Acercó la marquilla a su hija quien no le prestó el más mínimo interés —. Eillyn, ¿estás siquiera escuchándome? 


—Sí, esos están hermoso, cómpralos —respondió distraída.

 

—Me has dicho lo mismo de cada par que te enseño —Con rapidez arrebató de las manos de su hija el celular que con tanta ilusión observaba.

 

—¡Devuélveme eso ahora, mamá! ¡Estoy buscando algo importante!

 

—¿Es de la universidad? —inquirió enarcando una fina ceja.

 

—¡Por supuesto que es de la universidad! ¡Te dije que estaba perdiendo dos materias!


Su madre quiso corroborar si lo que su hija le decía era cierto, pero el bloqueo en el teléfono se lo impidió. La joven rio de forma imperceptible al notar que su madre no pudo acceder al contenido de su celular.

 

—¿Por qué no me dijiste que estarías ocupada? Hubiera preferido venir sola. Me resulta sumamente molesto tener que intentar captar tu atención a cada minuto.

 

—Sólo quise acompañarte, es todo... —respondió con voz cancina —. Devuélvemelo, terminemos con esto así tendré tiempo de volver a casa y dedicarme a mis deberes.

 

—Bien… —Dejó el teléfono sobre las manos de su rubia hija y tomando el par de zapatos que se había probado, se dirigió rápidamente hacia el punto de pago. 


Eillyn aprovechó aquel momento para culminar el formato que debía llenar para su estudio el día de mañana en la clínica. Al parecer debían insertar un chip en su cabeza el cual activaría varios puntos de la corteza cerebral que intervenían en la creación de imágenes, pensamientos, lógica, visión, entre otros procesos importantes. 


Se trataba de una cirugía rápida y ambulatoria de apenas veinte minutos. Esto debido a que contaban con toda la tecnología y personal idóneo como para realizarlo. Aquello la tranquilizó enormemente, ya que no tendría que comentárselo a su madre y se beneficiaría mucho de ello.

 

Envió todos sus datos, eligió la hora y supo que era un hecho que mañana estaría sentada en aquella clínica, esperando a realizarse los estudios previos para poder someterse a la pequeña cirugía que mejoraría su vida por completo. 


La ansiedad y el miedo se hicieron presentes durante el resto de la noche y parte de la mañana, pero ahora que se encontraba allí, esperando su turno para que revisaran su cuerpo, todas las sensaciones se estaban intensificando, mucho más al saber que no contaría con el apoyo de su madre, ya que ella no sabría absolutamente nada de lo que estaba haciendo en este momento.

 

Eillyn tenía 20 años, no es que tuviera demasiada experiencia sobre la vida, relaciones y mucho menos temas científicos, pero creía firmemente que aquel movimiento sería algo acertado y necesario para su carrera. Ya contaba con un blog supremamente exitoso, lectores fieles, personas nuevas que llegaban a sus historias y permanecían allí. Esto sería como darle un empujón a su talento y un regalo importante a sus seguidores.

 

Cuando su turno llegó, revisaron su cuerpo tal como lo harían en un chequeo médico normal. Tuvo algunos exámenes de sangre, de audiometría pruebas oculares, y algunos otros estudios que comprobaban su resistencia a la anestesia.


Una vez que habló con el psicólogo, le dieron luz verde para poder realizar el procedimiento quirúrgico. Tuvo que esperar alrededor de dos horas, mientras los médicos preparaban todo. Eillyn se preguntó si estaría haciendo lo correcto, ya que algo en su interior parecía gritarle que no lo hiciera. 


La cirugía se llevó a cabo, Eillyn despertó un par de horas después. El procedimiento era sumamente rápido, pero la anestesia era lo que más llevaba tiempo ya que debían esperar a que ella despertara por su propia cuenta. 


Lo primero que observó en aquella habitación en donde se encontraba, era un reloj negro circular que indicaba las cinco y media de la tarde. Intentó levantarse, pero un leve pinchazo en su cabeza se lo impidió.

 

¿Qué estaba haciendo en ese lugar?

 

Cuando la enfermera encargada del turno de la tarde observó que Eillyn había recobrado la conciencia, se acercó con una gran sonrisa.

 

—¿Te duele? —Su voz fue cálida y dulce, como una brisa de aire fresco. Podía sentir en su interior algo que aún no comprendía, pero que le decía que aquella enfermera, de pie delante de su camilla, era una buena persona.

 

—Un poco —murmuró después de un momento. 


—Es normal, la molestia desaparecerá en un rato, no tienes absolutamente nada de qué preocuparte, todo salió a la perfección.

 

Colores… azul, verde, rojo… ¿podría ser efecto de la sedación lo que estaba viendo alrededor de su interlocutora?

 

—¿En cuánto podré irme a casa? —preguntó Eillyn intentando enfocar su visión.

 

La enfermera observó su reloj, luego revisó los signos vitales de Eillyn.

 

—En una hora podrás volver a casa, debemos asegurarnos de que todo esté bien contigo. 


Asintió con suavidad volviendo a recostarse. Escuchó a la chica decir que volvería pronto y fue entonces cuando recordó a su madre. Tomó el celular que descansaba sobre la mesa y cuando abrió el chat se dio cuenta de algunos mensajes de su parte. Los respondió de inmediato y no fue hasta que sus ojos se enfocaron en la imagen de su progenitora, que notó aquellos colores vibrando a su alrededor.

 

—Es normal… —Las luces de la sala se encendieron en su totalidad. Ya no había aquel matiz tenue que tenían hace un instante —. Esta cirugía está obligando a tu cerebro a trabajar a un potencial mucho más avanzado. Detectarás sonidos mucho más fuertes, tus ojos verán cosas que incluso antes no podían distinguir. Algunos de nuestros pacientes han presentado incluso habilidades psíquicas. Efectos de los que te hablamos antes, ¿recuerdas?


—Sí… —replicó Eillyn con certeza —. ¿Quién es usted? ¿Y cómo sabe lo que estoy viendo?

 

—El doctor encargado de esta especialidad. Estamos en un proyecto ambicioso sobre control mental… Muchas gracias por sernos de ayuda. 


—¿Qué? —cuestionó confundida. Todo estaba sucediendo demasiado rápido. Nada tenía sentido.


—Viniste aquí pensando que podríamos ayudarte con el bloqueo escritor que tenías, y sí, lo que te hicimos seguro te ayudará con eso. Es sólo que ahora sabremos qué piensas, qué haces, qué deseas, qué sientes, dónde estás, qué comes, qué imaginas y todo lo que percibas. Gracias a este chip ahora podremos experimentar cómo funciona tu corteza cerebral con los choques de energía generados por él. ¿No te parece estupendo que podamos estar al 100% en el control de tus emociones?

 

—Yo… yo no firmé nada en donde me avisaran de esto. 


El médico sonrió. 


—Las letras pequeñas siempre son importantes, querida. Ahora regresa a casa, te vigilaremos muy de cerca… y espero que puedas terminar aquella increíble novela que estás escribiendo. Eres una chica talentosa, estoy seguro de que podrás salir de este bloqueo después de que llegues a casa. Sólo recuerda que... ya no estás sola.