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Un viaje en autobús

Js Nieves
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Buenos días papá —saluda Emma con un beso en la mejilla a su papá quien toma desayuno.


—Buenos días mi pequeña. Tú mamá te estuvo despertando —responde su papá — Mi auto se averió y esperaré a que vengan los técnicos para que lo lleven al taller —añadió.


Emma mira a su padre extrañada pues ni se había percatado que su mamá había ido a su habitación a despertarla. Emma es una niña de 10 años, única hija y adoración de sus padres.


—¿Pero papá y ahora como iré a la escuela? —preguntó Emma preocupada.


—Por eso tu mamá subió a despertarte, para saber si podías salir mas temprano y ella te llevaba, pero como no te despertabas con nada, dejó que sigas durmiendo —dijo su papá mientras daba un sorbo a su taza de café.


—¿Papá, puedo faltar hoy a clases? —preguntó tímidamente Emma, aunque ya sabía la respuesta.


—Apresúrate en tomar tu desayuno, llamé a la Sra. Aranda para que te agregue en el corrido del autobús —dijo su papá.


—Pero papá..., la Sra. Aranda es viejita y creo que ni oye, nunca he visto que le moleste todo el ruido que hacen los niños durante todo camino, aparte, que no sabe manejar bien, siempre hace que me duela la barriga, no quisiera ir hoy a clases —insistía Emma.


—Y falta poco para que llegue —respondió el padre mirando su reloj ignorando por completo las justificaciones de su niña.


Emma a regañadientes se apresura, da dos sorbos a su vaso con leche, le da una mordida a su pan y corre a ponerse los zapatos. Su padre sonríe a ver lo presurosa que esta su niña, guarda un desayuno extra en la mochila de su hija porque sabe que después le dará hambre.


Llega el autobús, Emma se despide de su papá y sube saludando la Sra. Aranda y sentándose en el ultimo asiento del autobús al lado de la ventana, se pone los audífonos deseando llegar pronto a la escuela aunque sabe que no será así ya que es la primera a quien recogen así que el camino será muy largo.


A mitad del camino parece que hubo un accidente, los niños del autobús curiosos empiezan a sacar la cabeza por las ventanas, a los pocos minutos el trafico se restaura. Un niño mas subió, Emma no tomó atención, el niño se sienta también en uno de los últimos asientos.


Con un viaje tan accidentado en donde cada vez que la Sra. Aranda frena todos los niños se balancean hacia delante parecen divertirse, pero por el contrario esos movimientos a Emma la hacen sentir mal, empieza a tener dolores de barriga seguido de nauseas y aún faltaba mucho para llegar a la escuela. Emma trata de buscar una bolsa dentro de su mochila, porque presiente que devolverá el poco desayuno que había tomado.


El niño desconocido que acababa de subir le extiende una bolsa.


—¿Necesitas una? —pregunta el niño aún con su brazo extendido


Emma se avergüenza, solo asiente con la cabeza y acepta la bolsa. Al parecer de la vergüenza a Emma se le van las nauseas y a los pocos segundos cierra la bolsa.


—Me llamo David —dice el niño con una sonrisa


—Emma —responde, percatándose de la forma peculiar en la que vestía el niño, traía una camisa con bolsillo y un pantalón de vestir y pensó que no muchos van vestidos así a menos que sean profesores.


—Bonito crucifijo —dijo David


—Gracias, me lo regaló mi mamá —respondió Emma tocando su crucifijo.


—Mi tío también tiene uno, es sacerdote y da misas en una iglesia por aquí cerca —contaba David— me gusta mucho visitarlo —añadió.


El autobús llega a la escuela y Emma le pregunta a David a que aula va, él le dice que es nuevo alumno y debe ir primero a la dirección, así que en ese momento ambos niños se despiden y se van.


Ese día las clases transcurren con normalidad, suena el timbre de salida, todos los niños comienzan a salir de la escuela algunos los recogen sus padres y otros como Emma regresaran en autobús,


La Sra. Aranda ya esta sentada frente al volante esperando que suban todos los niños, y faltando pocos, ella les pide a los demás que se sienten para mantener el orden, en ese momento sube David, Emma se percata y piensa en devolverle la bolsa que le ofreció en la mañana, aunque le da un poco de vergüenza, además piensa que tal vez lo pueda necesitar de regreso a casa.  


El niño se sienta en el mismo lugar, en el ultimo asiento al lado de la ventana al otro extremo de Emma. El autobús arranca, los niños empiezan a bajar poco a poco, el ruido va disminuyendo y Emma se saca los audífonos. Ahora solo quedan los dos niños.


—Bajaré por un momento, quiero comprar unos panecillos y leche para llevar a mi casa —dijo la Sra. Aranda mientras miraba por el retrovisor— no demoro —añadió y bajó raudamente dejando el motor encendido y corriendo en dirección a la panadería que estaba solo cruzando la calle.


—Esta bien —responde Emma rápidamente.


Ambos niños sonríen al ver correr a la Sra. Aranda. David se pone de pie y se sienta al lado de Emma.


—¿Dónde vives? —le pregunta


—A dos cuadras de la iglesia —responde Emma


—Y tú ¿Dónde vives?


En ese momento alguien que vestía de sotana marrón sube raudamente al autobús sentándose frente al volante, no era la Sra. Aranda y arranca. Emma estuvo a punto de gritar cuando David le tapó la boca y ambos se agacharon.


A los segundos se escucharon gritos en la calle.


—No grites por favor, sino..., nos tomará de rehenes y nos matará —susurró al oído de Emma mientras intentaba agacharse más.


Emma asintió con la cabeza y empezó a llorar.


—No te pasará nada, te lo prometo —dijo David retirando la mano de la boca de Emma, ella no gritó.


Emma miraba a David, podría decir que lucía hasta tranquilo muy diferente a lo aterrada que estaba ella. Pasaron unos minutos más y se escuchó la sirena de la policía, el corazón de Emma dio un vuelco. David tomó las manos de Emma con fuerza.


—Pronto acabará —susurró— Tienes que ser valiente, además..., creo que nunca tuviste un viaje en autobús como este, verdad? —dijo David con una ligera sonrisa.


Emma lo quedó mirando, no podía crees que aquel niño, este tan tranquilo en una situación como esa y que incluso haga hasta bromas, aunque al mirar sus ojos le transmitía cierta seguridad. David le pidió taparse la boca, él hizo lo mismo.


—Es la policía, detenga el autobús, repito, detenga el autobús —Hablaba una voz ronca por megáfono.


El sujeto vestido de sotana no hizo el menor caso, desde que tomó el volante no dejaba de acelerar.


A los pocos segundos se oyeron disparos, Emma cerró con fuerza los ojos. Más sirenas y mas disparos se oyeron.


—¡Jamás!, ¡Me oyeron, jamás me entregaré! —gritó el malhechor— ¡Vine a morir! ¡¡es mejor morir afuera que adentro!! —seguía acelerando siguiendo su camino.


En ese momento una de las balas atraviesa el cristal impactando directamente en la cabeza del malhechor, muriendo en el acto, haciendo que el autobús empiece a zigzaguear.  


—¡Gritemos lo mas que podamos, deben vernos! —gritó David poniéndose de pie y tirando del brazo de Emma ayudándola a pararse.


Ambos niños empezaron a gritar, levantaban los brazos y golpeaban las lunas del autobús.


—Tenemos un N6, repito, tenemos un N6, todas las unidades al muelle —decía presuroso el hombre del megáfono que no podía creer lo que veía al interior del autobús.


La policía habían calculado los disparos y sabían que el autobús se despistaría en el lago, ya que  estaban seguros que el malhechor se encontraba solo, pero no fue así.


—Emma, escúchame, debes aguantar la respiración lo más que puedas, yo te ayudaré, me entiendes? —decía David


La niña miró la dirección del autobús y se dio cuenta que iban directo al lago, se aterró. David tomó nuevamente sus manos.


—Contaré hasta tres, bien? Emma, mírame —insistía David mirando la carita de terror de la niña.


Emma lo miró y empezó a respirar mas profundamente, en ese momento David empezó a contar.


—Uno, dos... ¡tres! —gritó el niño.


Emma aguanto todo el aire que puedo, el impacto fue inminente, sumado a la velocidad a la que iban, hizo que el autobús volara y se precipitara rápidamente al agua hundiéndose con facilidad.


David tomó la mano de Emma y salieron por una de las ventanas del autobús, fueron segundos que para la niña fueron horas, aferrada fuertemente de la mano de su amigo, subieron a la superficie.


—Respira ya paso todo —le habló al oído.


La niña tomó una bocanada de aire, en ese momento sintió como un brazo mas fuerte y grande la rodeaba por el pecho levantando su cabeza.


—Tranquila, te tengo —dijo uno de los rescatistas.


—David, ¡donde está David! —gritó Emma mirando a los lados.


Los demás rescatistas al escuchar a la niña se volvieron a sumergir, aunque salieron a los pocos segundos informando a su jefe que no había nadie mas en el autobús, solo el cadáver del delincuente.


Emma desde la orilla gritaba que había otra persona más, un niño que iba con ella y la ayudo a salir del autobús, enviaron otros buzos, el resultado fue el mismo, no había nadie mas. La niña no quería irse si no encontraban a su amigo.


—¡Mamá, papá! —grita Emma corriendo al ver a sus padres llegar.


Ellos corren a su encuentro la abrazan y lloran de felicidad al ver que su pequeña hija se encontraba sana y salva.


—Hay un niño que vino conmigo, sigue en el agua, me ayudó... me dijo que nos debíamos esconder sino ese señor malo nos mataría... luego me hizo respirar... me sacó del agua... Y ya no lo quieren seguir buscando —explicaba la niña muy exaltada y preocupada por su amigo.


Los para-médicos se acercan para examinar a la niña en la ambulancia.


—¡Señores Mendoza! —gritó una voz a lo lejos.


—¡Sra. Aranda, como pudo ser tan negligente! —gritó el padre de Emma, mientras veía a la señora correr hacia ellos.


—Cálmate cariño, nuestra hija esta bien, no es bueno que te vea así —dijo su esposa tomándolo del brazo— Sra. Aranda díganos quien era el otro niño que dejo con mi hija en el autobús? —preguntó


La conductora ofreció mil disculpas a los padres por lo sucedido pero dijo que cuando ella bajo del autobús Emma estaba sola, no había nadie con ella y se sorprende que diga que había otro niño.


— Señor y Señora Mendoza —dijo un oficial de la policía acercándose— Les ofrecemos las disculpas del caso, no sabíamos que dentro del autobús robado hubiera alguien mas, ya que no es su manera de actuar, si hubiéramos sabido no habría dado orden de disparar,  hemos estado siguiendo al ahora occiso desde que escapó de la cárcel, tiene sentencia de cadena perpetua.


—Lo importante es que nuestra hija esta sana y salva —respondió abrazando a su esposa— Pero dígame porque dice que "no era su manera de actuar"


—Él se había disfrazado con una sotana para entrar a una iglesia cercana y matar al sacerdote diciendo que era el anticristo, fue en su huida que robó el autobús, suele matar sin piedad, no titubea si tiene en frente a una anciana o una niña, generalmente toma rehenes para escapar de la justicia a quienes finalmente siempre termina matando.


—No diga mas, por favor —pide el padre de Emma al escucharlo y ver que su esposa palidece.


—Lo lamento, solo déjeme decirle que tienen a una niña muy valiente no sólo se mantuvo oculta para que el delincuente no la vea durante la persecución, sino que después nos advirtió de su presencia y al final prácticamente salió sola del autobús mientras este aún se hundía, cualquier otro niño de su edad entraría en pánico y no sabría que hacer en esos casos —finalizó el oficial.


Llegó el domingo, Emma pidió a sus padres que la llevarán a la misa, en memoria del sacerdote que murió el día que robaron el autobús.


La misa fue muy emotiva, el nuevo sacerdote colocó cerca del altar un cuadro con la foto de quien en vida fue por años el sacerdote de aquella iglesia. Al terminar la misa algunas personas que habían asistido se acercaron a los padres de Emma sabían lo que había sucedido y expresaban su apoyo a la familia.


Mientras los padres de Emma conversaban con algunas personas, ella se acerco hacia el altar, y muy lentamente se acercó al cuadro, mira la foto y vio que en el pecho del sacerdote colgaba un crucifijo, parecido al que ella llevaba puesto. En ese momento, Emma se acordó del niño.


—¿Hija, nos vamos a casa? —preguntaron detrás de ellas sus padres.


—Agradecemos su presencia en la misa —dijo un novicio mirándolos y caminando hacia el cuadro.


—¿Aquí viene con frecuencia un niño? —preguntó presurosa Emma.


—¿Cómo dices, pequeña? —preguntó el novicio mirándola


—Emma será mejor que vayamos a casa, debes descansar —dijo la mamá mirando a su esposo un poco preocupada y colocando la mano en el hombro de su hija.


—Se llama David, es un poco mas alto que yo, parece que le gusta vestirse de camisa y pantalón de vestir para ir a la escuela y su cabello lo tiene así... —explicaba Emma mientras agarraba su propio cabello imitando el peinado del niño.


El novicio miró a los padres y se quedó mirando a la niña mientras colocaba sus manos en los bolsillos. 


—Disculpe las molestias, nos retiramos —dijo el padre de Emma mientras su esposa trataba de llevarse a su pequeña de ahí.


—Esperen —dijo el novicio acercándose a ellos 


El novicio se paró delante de Emma y sin decir ninguna palabra le mostró una foto que tenía en la mano.


—¡Si, si, si, es él, es David! —gritó Emma al mirar la foto, el niño estaba vestido y peinado exactamente como Emma lo había descrito


La niña prácticamente le arrebato de la mano la fotografía al novicio para mostrárselo mas de cerca a sus padres, con sus ojitos llenos luz sabía que ahora sus padres le creerían que ese niño era quien estuvo con ella aquel día.


—¿Usted lo conoce? —preguntó el mamá de Emma


El novicio seguía mudo solo miraba a la niña como narraba lo que días antes le había ocurrido y como David la había salvado, cuando la niña terminó su relato el novicio se persignó.


—También pensamos que ha sido un milagro lo que le sucedió a nuestra pequeña —respondió la mamá.


—Y si lo ha sido —afirmó el novicio mirando a Emma.


—No se como decir esto, pero su hija tiene razón el nombre de este niño es David, era sobrino de quien en vida fue nuestro sacerdote, solía venir a visitarnos casi todos los días cuando no había misa y conversaba horas con su tío, era un niño muy feliz —contaba el novicio mientras tomaba nuevamente la foto del niño en sus manos —Lamentablemente nació con un mal congénito estuvo en cama por mucho tiempo, hasta hace un par de meses que el Señor lo llevo a su gloria —terminó explicando el novicio.


Ambos padres abrazaron a su hija, muchas lagrimas se vertieron ahí delante del cuadro del fallecido sacerdote y de la foto de David.


—Un ángel te salvó, mi pequeña Emma —dijo el novicio mirando a Emma tocando su cabeza.


En ese momento Emma recordó la sonrisa tan amable de David, aquella mirada que le hacia sentir segura, incluso cuando bromeo diciéndole: "Nunca tuviste una viaje en autobús como este... verdad?" mientras estaban escondidos debajo del asiento y oyendo el sonido de las sirenas. Él estuvo con ella hasta el final y por eso ella ahora puede estar con sus padres.


Emma tomó su crucifijo con ambas manos, cerró los ojos y mentalmente recordando a David le dijo: "Gracias".