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Top 5 - Momentos de "Por última vez"



¿Es tiempo de venganza? Muajaja, Ok. No… o ¿es esto justicia?


Señoras y señores, nunca subestimen el poder de un corazón roto. Nada más peligroso que una persona que no tiene nada que perder y mucho más aún si es una mujer en busca de respuestas.


Bienvenidos al ArrowTop y hoy estaré compartiendo con ustedes la cuenta regresiva con mi selección de los mejores 5 momentos de “Por última vez”. Para esta lista, estaré considerando aquellas escenas de la primera novela publicada por Isela Reyes que me partieron el corazón, me hicieron reír a carcajadas o, simplemente, me dejaron boquiabierta.

Dado que esta sección irá a través de toda la novela, un gigantesco SPOILER ALERT, debe ir aquí.



Ahora, sin más ni menos, vayamos con la lista.


Puesto 5: ¡Bu!

Comienzo esta lista con la escena que me robó una sonrisa entre tanto drama. Luego de una “charla” con su abuela, en el cementerio, frente a su tumba, nuestra Silvia vestida toda de blanco decide que es momento de marchar pero justo se encuentra con el guardián del cementerio al cual casi mata de un susto. Y no es para menos, una novia, despeinada, con el rostro desencajado, probablemente desprolija, en el medio de un cementerio..., no lo culpo señor, yo también me hubiera persignado más veces que el Chavo en casa de La Bruja del 71.

“―¡¡Mi madre!! ―Miro al hombre horrorizado que tengo a un par de metros delante de mí y que tiembla de pies a cabeza.

―¡Bu! ―digo en forma de broma.

―¡No por favor! ―grita y sale disparado, sin importarle su linterna que descansa sobre el suelo.”


Puesto 4: La carta de Silvia

Agarren sus pañuelos para cuando lean “Por última vez”, sobre todo cuando se topen con la carta de Silvia. Quizás es el momento con el que más lloré y en el que más me identifiqué con Silvia; tan doloroso, real y liberador que las pequeñas lágrimas que bordeaban mi rostro fueron incontenibles por un largo rato. Creo haber dicho “¡Maldita Isela!” más de una vez. Mis disculpas con la autora, pero ella sabe bien que ese mismo era su objetivo. Una carta en la que solo quieres decirle al amor de tu vida lo más básico que debe saber antes de que mueras: Que lo amas.

"Pero anoche mientras una desconocida secaba mis lágrimas y charlaba con mi abuela en el panteón, lo comprendí. Fue mi culpa. Perdóname y perdona por lo que estoy a punto de escribir… te amo."


Puesto 3: Silvia embarazada

Ok, ok, sí, ya sé que no está embarazada, pero no me van a negar que en ese momento en el que se toma el vientre, frente a todos los presentes en la iglesia, fue magistral. Digno de cualquier novela mexicana, Silvia interrumpe la boda y le dice a Dominick que no se puede casar y, aunque ya conocíamos sus planes, no estábamos preparados para la frase “Estoy esperando un hijo tuyo”.


Damm girl! Es decir, yo estaba lista para escucharla recriminarle, patearlo, destruirle la cara, qué se yo, pero el decir que estaba embarazada, definitivamente no me lo esperaba. Este fue mi momento gatuno mandíbula caída.


"―¡¿Dominick?! ―exclama la rubia con los ojos como platos―. ¿Quién es esta tipa?

―Te lo repito ―digo con seguridad, señalándolo―. No puedes casarte. No puedes hacernos esto. ―Hago un gesto dramático, llevándome las manos al vientre y eso termina por desatar el caos. Los padres de la novia comienzan a gritar y se acercan a ella. El sacerdote retrocede y niega―. Estoy esperando un hijo tuyo ―confirmó en voz alta, posiblemente en la mejor de las actuaciones. "



Puesto 2: El beso que sí fue

No había terminado de exprimir mi pañuelo con la carta de Silvia cuando Dominick me parte el alma con su confesión. Y es que esos últimos besos son siempre una debilidad en corazones como el mío, de esos que han sido heridos con el abandono.

Nunca sabemos cuándo un beso será el último y eso es muy cierto. Silvia escribe que se arrepiente de no haber sido valiente y haberle robado aunque sea un beso entre las tantas oportunidades que tuvo aquél día; e Isela, en un acto de maldad pura con los lectores, nos presenta a un Dominick que conversa con la tumba de Silvia para confesarle que él sí la besó. Que él esperó el momento en el que ella dormía para delicadamente besarla y hacernos estallar en llanto al conocer la verdad que ella nunca sabrá.


“Sé que no valen mis disculpas y que quizás es tarde para pedir perdón ―digo un poco más firme―, pero quiero decirte que lograste cumplir tu deseo, bueno… ―Me rasco la nuca sintiéndome avergonzado―. En realidad, lo hice yo por ti. Verás, cuando abrí los ojos, descubrí que nuestras cabezas estaban apoyadas y me di cuenta que debíamos bajar del autobús, pero no pude hablar. Quería seguir mirándote y entonces sin pensarlo… te besé.”



Puesto 1: Puede que no sea feliz, pero él tampoco lo será.

Mi primer lugar lo dejo para el momento en el que Silvia e Isela me compraron la idea de seguir leyendo la novela. Bastó una oración y ya tenía toda una historia que deseaba conocer en detalle.


¿Qué pasó? ¿Por qué la dejó? ¿Qué va a hacer? ¿Está loca? ¿En realidad, va a morir? ¿Cómo va a detener esa boda? Recuerdo muy bien el momento en el que leí esta frase, los escalofríos que sentí y esa punzada en el estómago de la remembranza del despecho. Creo que debo confesar que es mi puesto número uno porque, a pesar de que nunca haría lo que hizo Silvia, una parte de mí desearía poder elucubrar un plan maestro para verlo en ruinas. Sí, estos son mis segundos de inmadurez total, segundos en los cuales desearía que la ficción fuera realidad. Mis palmas para Isela por conseguir captar nuestra atención y motivarnos a seguir leyendo a pesar de que, en el fondo, sabemos que Silvia no vivirá.


Tengo que asistir a una boda. A la boda del hombre que me abandonó. Puede que no sea feliz, pero él tampoco lo será.

¿Estás de acuerdo conmigo? ¿Cuál fue tu mejor momento de “Por última vez”?

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Nos vemos, hasta la próxima.

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